Del último descanso en Surquillo


GHHHH

CRÓNICA

El Cementerio Municipal de Surquillo es uno de los más pequeños de Lima, y también uno de los mejor conservados. Fundado en 1936, cuando la zona aún pertencía a Miraflores, fue construido durante la gestión del alcalde Eduardo Villena Rey. En 1949, pasó a ser administrado por la nueva comuna de Surquillo, adquiriendo su denominación actual.

Entrada al cementerio, ubicado en la cuadra 10 de la Av. Tomás Marsano

En el Cementerio están enterradas alrededor de 7 mil personas. Lo primero que llama la atención al entrar es la pérgola central donde se encuentra la escultura de un Cristo yaciente, y la presencia de varios gatos que son la compañía de los escasos trabajadores de este lugar. Al parecer, los últimos ‘cuarteles’ (o corredores) fueron construidos en la década de 1980, como lo evidencian las placas conmemorativas.

Placa conmemorativa del cuartel ‘La Paz’ N°2

Llegué cerca a la una de la tarde. Llevaba terno oscuro y algunas flores, que se pueden comprar a todo precio, en el cruce de la Av. Tomás Marsano con Av. Angamos. A diferencia de otros camposantos, las visitas al cementerio de Surquillo son constantes. Así lo reflejan la cantidad de flores, recuerdos y tarjetas dejadas por los deudos a sus familiares difuntos. Sólo algunas tumbas, de las más antiguas, parecen haber sido un poco relegadas al olvido.

Vista general de los cuarteles. Al fondo, una señora arreglando las flores en la tumba de su familiar

Mis familiares, entre ellos, el tío fallecido que también lleva mi nombre, se encuentran enterrados en el cementerio “El Ángel”, en el Cercado de Lima, lugar al cual nunca he acudido por lo peligroso de la zona y el ambiente tétrico de dicho camposanto. Por el contrario, en el Cementerio de Surquillo se respira un ambiente de misterio, reflexión, y silencio. La cantidad de recuerdos que la gente deja es señal de un cariño que trasciende la muerte, incluso para aquellos que nunca llegaron a ver la luz de este mundo.

 Tumba de un feto masculino no nacido, del año 1960. Cerca de él había también la lápida de un feto femenino

Curiosamente, mi improvisada visita coincidió con la conferencia de prensa de algunos protagonistas de la película ‘Cementerio General’, grabada en la ciudad de Iquitos. Se encontraban Diva Rivera (“Mayra”),Jürgen Gömez (“Pablo”), Leslie Shaw (“Vicky”) y Airam Galliani(“Andrea”). Los pude fotografíar de lejos, debido a la cantidad de periodistas que los rodeaban.

Periodistas fotografiando a los protagonistas de ‘Cementerio General’.  Al lado izquierdo se encuentra Jürgen Gömez, en plena entrevista.

Actrices Leslie Shaw, Diva Rivera, y Airam Galliani

Me extrañó un poco la presencia de los periodistas y actores en el camposanto. Por un lado, por lo particular de ofrecer una conferencia de prensa en un cementerio poco habitual para este tipo de eventos (Más pertinente hubiera sido el ‘Presbítero Maestro’, pero es posible que hayan considerado los factores de seguridad) y por otro, porque la incursión marketera parece a veces no tener límites definidos, incluso debido a tratarse de un lugar bastante ajeno a donde se realizó la producción.

Corona fúnebre del equipo de ‘Cementerio General’.

Las personas que habían ido a dejar flores a sus difuntos parecían no tener en cuenta al grupo de extraños. Quizás, de primer momento, creyeron como yo, que se trataba de algún cortejo fúnebre bastante irregular.

No quise retirarme del lugar sin dejar las flores que había llevado a algún fallecido. De repente, encontré a una persona con mi apellido: Óscar R. Valverde Cortez, muerto en 1974, al parecer bastante joven, según la fotografía que estaba sobre la lápida. Sus flores se encontraban marchitas. Cerca, una pesada escalera de fierro que no podía mover.

Llamé a uno de los serenos para que me ayude a colocar flores, quien me atendió amablemente. Me dijo que un familiar de Óscar tiene su tumba cerca y que una señora viene constantemente a dejarles flores. Aunque la escalera parecía insegura porque estaba apolillada, el sereno hábilmente cambió las flores en pocos segundos. Luego, dediqué una pequeña oración por Óscar, aunque no lo haya conocido en vida. Espero que esté donde esté, se encuentre en la paz de Dios. Quién sabe, si después de todo, tenemos algún vínculo familiar aún desconocido.

 Lápida de Óscar R. Valverde Cortez.

La visita al cementerio municipal de Surquillo fue un momento de intensa reflexión sobre la importancia de la existencia, el cariño y el respeto a los difuntos. Es un lugar que transmite una paz enigmática y tranquilizadora. Uno de esos lugares, que siempre vale la pena visitar para comprender mejor el significado de la vida.

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