Fetih 1453 [Conquista 1453]


Caída de Constantinopla. Foto: Museo Panorámico de Estambul

El martes 29 de mayo de 1453 cayó el Imperio Bizantino, luego de una larga crisis política y religiosa, en manos de los turcos otomanos liderados por el sultán Mehmet II. El sultán convirtió a la Basílica de Santa Sofía, emblema máximo de la Iglesia Ortodoxa en una mezquita, y pretendió mancillar el legado bizantino exponiendo el cadáver del fallecido emperador Constantino XI, quien murió en plena batalla defendiendo su honor. Mehmet sufriría una dura derrota cuando intentó dominar los reinos europeos griegos, donde héroes locales como Skanderbeg se convirtieron en los paladines guardianes de la independencia y la fe cristiana (a modo de ver en la época).

La caída de la otrora capital del Imperio Bizantino dejó para la posterioridad una frase profética, pues igual que su antecesor el Imperio Romano de Occidente, cayó bajo un gobernante homónimo de su fundador. Dicha frase, atribuida a anacoretas griegos, es la siguiente:

“Un Constantino la construyó, un Constantino la perdió y un Constantino la recuperará”

En 1935, la ex Basílica de Santa Sofía fue abierta al público como museo, y se mantiene así hasta la actualidad. La Iglesia Ortodoxa no ha podido volver a celebrar liturgias en ella.

Fetih 1453, película turca estrenada en 2012, justamente narra el asedio y caída de Constantinopla en manos de los otomanos durante el año 1453. Presenta al sultán Mehmet II como líder de la gran y dificultosa hazaña de conquistar una ciudad inexpugnable. La película, que inclina la balanza de la historia hacia el mundo musulmán (como era de esperarse por su origen) consiguió sorpresivamente llenar las salas de cine en Alemania y otros países de Europa, provocando gran escándalo en la opinión pública. Según se rumorea, los espectadores eufóricos gritaron a coro con la película “Allahu Ekber” (‘Alá es grande’). No obstante, el film ha sido bien recibido por la crítica, aunque habría sido más imparcial presentar los detalles históricos de ambos bandos (y no sólo del lado musulmán), en lo que en su época se convirtió en una guerra de matices incluso apocalípticos entre fieles e infieles según cada bando.

Sorprende también que una de las protagonistas sea una mujer ingeniera no creyente (aunque de origen musulmán) e independiente, a pesar de la ficción. De esta manera, Turquía pone así el punto sobre la ‘i’ en las películas épicas sobre el Imperio Romano. Gustaría de ver una contrapartida basada en historiografía occidental.

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