La balanza quieta


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El mundo espera al 08 de noviembre y el nombramiento de un nuevo líder.

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El péndulo se mueve y la balanza parece no estar a favor de nadie. Por primera vez en mucho tiempo, los norteamericanos enfrentan una crisis de liderazgo que puede resolverse –o agravarse– en menos de dos días.

Las redes siguen llenándose de comentarios, apuestas y aspirantes proféticos que aseguran que “Make America Great Again” (Hagamos América grande de nuevo) es mejor que “Stronger together” (Juntos más fuertes) mientras que otros se quedan con la experiencia y promesas de una ex primera dama estadounidense y rechazan las pretensiones del magnate más controversial del año 2016.

Hillary Clinton y Donald Trump son los principales candidatos a ocupar la Casa Blanca este 08 de noviembre, y las encuestas los separan por un estrecho margen de 4,9 %, siendo Clinton quien lidera los números.

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Las encuestas indican que la tendencia se inclina hacia la demócrata. Según Huffpost Pollster: 47,1% a favor de Clinton. 42,2% apuestan por Trump.

La expectación crece a medida que se acerca la fecha en la que millones de norteamericanos decidirán el futuro de la primera potencia mundial. Brechas raciales, de género, acusaciones y viejos recuerdos rodean a ambas partes, mientras la opinión pública favorece a la ex primera dama.

El 19 de octubre, durante el último debate en Nevada, con los ojos fijos en las cámaras y con millones de personas en vilo, Clinton pronuncia las palabras que sintetizan, en una sola idea, las miles de dudas de los votantes:

“El problema central de esta elección es, a saber, ¿Qué clase de país vamos a ser?”.

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Norteamérica ha escuchado todas las propuestas que ambos candidatos ofrecieron en un ambiente de populismo y división política: las armas, los derechos de las minorías, el sistema judicial y la religión son algunos de los temas más sonados. Mientras Trump apuesta por un nuevo plan, que indudablemente se ve manchado por su excéntrica candidatura, Hillary se mantiene en la línea que ya lleva trazada Barak Obama, apoyándose en la característica fundamental que la distingue y que puede o no jugar a su favor: si gana, sería la primera mujer en gobernar a los Estados Unidos.

El tema estrella, es, sin embargo, la inmigración en territorio estadounidense y las medidas que se tomarán desde las altas esferas. El candidato republicano aboga por una política aislacionista mientras que la demócrata se muestra más tolerante y aprovecha las molestias que los discursos del primero han causado en la población latina para ganar votantes. Pues, si bien es cierto que existen millones de indocumentados recorriendo las calles de California, Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada y Colorado, Trump plantea endurecer la legislación y promover la construcción de un muro que pueda parar la ola de inmigraciones ilegales, la mayoría provenientes de México.

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No obstante, no es sólo el tema étnico lo que influye en la postulación, sino la política exterior de EE.UU. Donde Trump afirma, deben ser más cuidadosos y más centrados en sus propios problemas, antes de que en los de otras naciones. Popularmente se conoce a Estados Unidos como la policía del mundo, lo que le ha acarreado numerosas quejas y denuncias de países con economías más pequeñas, sin embargo, el republicano lleva una bandera con el eslogan “America first” (América primero) y explica que, de ganar la presidencia, renegociaría tratos comerciales y dejaría que otros países se ocupasen de su propia seguridad. En este caso, Hillary protege hasta cierto punto la idea de la intervención en el medio Oriente, por el peligro yihadista y la expansión del Daesh.

Ambos llegan a un acuerdo en el asunto: luchar y derrotar al Estado Islámico es uno de los primeros elementos en las agendas.

Durante el 2003, Clinton fue partidaria de la invasión a Irak, donde Estados Unidos hizo a un lado la decisión tomada por los miembros permanentes de la ONU, y comenzó la Guerra de Irak, que duró hasta el 2011, lo que la sitúa del lado de la intervención norteamericana. 

Las encuestan siguen parejas, la seguridad política y económica que ofrecen los candidatos no es suficiente, lo demuestran los números. No se espera una abstención preocupante, pero el voto joven es determinante para estas elecciones.

Las consecuencias del triunfo de uno y otro varían. Si ganase Trump, las relaciones internacionales sufrirían un revés. Habría que dilucidar hasta que punto llega el antagonismo político que puede causar el republicano. Hillary Clinton, sigue favorecida por las encuestas pero su expediente se ve manchado debido a las acusaciones recientes de contener y enviar, en su correo privado, archivos secretos de Estado.

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La campaña ha sido denominada “fuera de lo común” por diversos medios globales, el apoyo se divide entre los que prefieren la propuesta nueva que representa Trump y los que se decantan por la figura con experiencia que es Clinton.

A menos de 48 horas, la balanza del próximo líder del mundo libre, se mantiene alarmantemente quieta.

 

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