Marfil y extinción: China promete prohibir uno de los comercios más crueles del mundo


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Desde teclas de piano a joyería, la muerte de los elefantes se compra a un precio elevado en una de las mayores potencias mundiales.

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Es un gigante milenario, en cuatro patas, soberbio e impresionante. Ellos son cinco, quizás seis, con la piel cuarteada por el sol inclemente de la sabana, con el olor de la destrucción impregnado bajo los dedos, aferrando escopetas entre manos sudorosas e implacables. Lo rodean, escondidos a su vista. Él sigue siendo mítico, un mamífero solemne, con fama de una memoria grandiosa, pero que, inocentemente, se ha olvidado de nosotros, de esa espantosa habilidad que poseemos los humanos de convertir lo que sea en moneda, en el tintineo de millones de vidas que acaban en cuentas bancarias.

El gigante, colosal, esplendido, guarda siglos de historia en su trompa indescriptible. Lo sabe. Sabe de la herencia monumental de sus antepasados, que alguna parte de esa legendaria genealogía conoció a Darío I, Rey de Persia, y a Alejandro Magno. Los colmillos, majestuosas curvaturas de marfil en vez de amenazantes armas, se acomodan en un rostro que no conocerá la luz del siguiente mediodía.

Todo es sigilo, un silencio sepulcral que se rompe cuando suena un disparo, luego dos y él cae. Es fatídico, brutal. Intenta levantarse, mueve las patas desesperado porque es terriblemente difícil con su peso, se agita, despavorido, indefenso, de pronto como un niño, encogido y aterrorizado. Y gime, es un lamento largo, al que le siguen resoplidos y temblores; consigue apoyarse, otro disparo lo desploma en el suelo. Una nube de polvo se forma alrededor del cuerpo agónico, incapaz de nada más que esperar la muerte que se acerca, inhumana.

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Elefante africano en Namibia. Fuente: Framepool.com

El marfil que le arrancan al elefante es vendido a nivel global, a pesar de que es ilegal en la mitad del mundo. Hasta el 2016, China ha sido el primer país en la lista de comercialización del material, con casi el 70% mercado.

Los colmillos de los elefantes son utilizados para fabricar teclas de pianos, joyas, palillos chinos, estatuillas y hasta sellos oficiales con costes sumamente altos, tanto por el valor histórico del marfil como por la unicidad del mismo.

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De esta forma sanguinaria, miles de elefantes africanos son cazados y despojados de sus colmillos. Foto recuperada de: Cadizrespira.com

Según la Universidad Autónoma de Barcelona, para 1979 existía una población de aproximadamente 1,3 millones de elefantes africanos, la especie que ha sufrido una devastación total en el último siglo, luego de la extinción del elefante norteafricano. De acuerdo a cifras aportadas por el proyecto “Elefantes sin fronteras” (Elephants Without Borders) del Doctor y ecologista  Mike Chase, en 2013 quedaban entre 500.000 y 470.000 especies en el planeta.

El 30 de diciembre del año pasado, el gobierno chino anunció el plan de prohibición total del comercio del marfil, para salvaguardar la vida de las especies de paquidermos en África. Esta iniciativa, propuesta a llevarse a cabo gradualmente durante el 2017, ha encontrado apoyo de organizaciones ecológicas tales como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF o  World Wildlife Fund).

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Pulseras y joyería fabricada con marfil. Foto: Romina Bevilacqua

Como primera parte de las medidas prohibitivas en el país asiático, distintas tiendas y comercios de marfil se verán obligados a entregar sus licencias antes de finalizar el mes de marzo. Para el 2014, Estados Unidos ya había anunciado que también tomaría cartas en el asunto y volcaría esfuerzos en  frenar la venta y compra del material dentro de sus límites.

El proyecto se califica como “histórico”, y busca poner un fin a la caza salvaje e indiscriminada de los elefantes, iniciada hace siglos, lo que se considera una verdadera masacre a la fauna del globo.

TRAFFIC, organización dedicada a la vigilancia del comercio ilegal de vida silvestre, también ha manifestado su apoyo a la República de China. Según Tom Milliken, uno de sus representantes:

“Para producir unas 250.000 pulseras de marfil se necesitan más de 11 toneladas de marfil, esto es, 110 elefantes.”

A pesar de la alegría de los ecologistas, muchos se preguntan si la prohibición no causará que la caza de elefantes y el precio de sus colmillos aumenten a causa de la ilegalidad, tomando en cuenta que, en el presente, un kilo de marfil cuesta alrededor de mil dólares.

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