PPK y los ídolos de barro


elpais

“La corrupción siempre estuvo presente. La corrupción nunca se fue”.

Con esta sentencia concluyó la columna de opinión de un analista sobre el reciente escándalo Odrebecht, investigación legal que hoy compromete a tres expresidentes entre 2001 y 2016.

Sin embargo, los síntomas de esta desilusión respecto a la actitud de los gobernantes en la última etapa democrática del Perú, no son inéditos. Ya hacia el año 2005, el sociólogo Romeo Grompone, advertía que la falta de institucionalidad de los partidos políticos, afectaba directamente a la consolidación de un Estado democrático, donde el oportunismo y la corrupción tenían un terreno fértil. Grompone fue más allá e incluso señaló que la peor consecuencia de este fenómeno sería una ‘escisión inevitable’, un quiebre social que originaría una crisis política.

Toledo, García y Humala cultivaron el caudillismo -tradicional en nuestra política-, en desmedro de consolidar la frágil democracia que obtuvo el Perú tras la caída del fujimorismo. Hoy ya no es posible seguir acusando a la fenecida dictadura de los 90’ por los indicios de una gestión ineficiente del Estado, que no ha satisfecho a la ciudadanía.

El presidente Kuczynski, elegido en medio de una exagerada expectativa (Cuya campaña se enorgulleció por ensalzar para conseguir los votos), sufre las secuelas legadas por sus antecesores, ídolos de barro, cuya legitimidad va diluyéndose al verlos entrar y salir por las puertas de la Fiscalía de la Nación, intentando justificar que no pertenecen a “la pandilla de la corrupción”. El mismo Kuczynski en algún momento deberá asistir y responder por su labor como exministro del gobierno toledista. Mientras tanto, su nivel de aprobación sigue desplomándose.

En algún momento, Toledo ofreció construir un país de “todas las sangres y todas las mentes”. García prometió impulsar el desarrollo tecnológico y comercial para convertirnos en una potencia exportadora. Y Humala vendió una “Gran transformación” que acabaría con la pobreza. Todas estas promesas nunca se cumplieron. La última de estas propuestas para la histeria, fue la del propio Kuczynski, quien “salvaría al Perú” de la galopante recesión económica. Los resultados, a casi un año de su gobierno, demuestran -una vez más- que sólo fue una estrategia de marketing electoral. La ciudadanía sigue sin notar cambios efectivos en las materias urgentes que afectan su día a día.

En conclusión, dentro de su actual modelo de gestión, PPK es el último ‘ídolo de barro’ en la frágil democracia que nos heredaron los corruptos que destronaron a una dictadura corrupta. Así como van las cosas, ¿Se cumplirá el pronóstico señalado por Grompone? ¿Nos aproximamos a una ‘escisión inevitable’?

Finalizo citando la patética frase de un exministro fujimorista cuando el Perú estaba a punto de atravesar una de sus horas más difíciles: ¡Y que Dios nos ayude!

ffggg

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