Este artículo podría evitar que su hijo/a sufra un abuso sexual


No todo es lo que parece. Preste atención a los comportamientos inusuales en su hijo o hija.

Viajaba en el carro de la línea 21 Chorrillos-San Martín de Porres, desde Universitaria a Los Olivos. En el asiento posterior, íbamos cuatro personas.

En pleno tumulto de la acostumbrada congestión vehicular, una mujer -con apariencia de unos 30 años- contestó una llamada:

Papá, no sabes lo que pasó en la tarde con la Masiel. Su primo fue a recogerla y ella no quiso ir con él. Lo desconoció y le dijo a la miss que nunca lo había visto, que no era su primo.

Se aferró tanto a la miss, llorando, que la miss tuvo que ir a la casa de la abuela a dejarla. Para colmo, el Renato se había olvidado su DNI. Me han estado llamando del colegio y le he llamado la atención a la Masiel.

Me dijeron que cuando llegó a la casa se metió directo a su cuarto sin saludar a nadie, ni siquiera a su abuela. La señora seguro estará rajando de mí. ¡Qué vergüenza! Pensará seguro que la malcrío a mi hija. La voy a tener que castigar.

Señor, señora que me lee ¿Nota algo extraño en esta llamada? ¿No?  

Si la respuesta es un no, podría estar ignorando un problema gravísimo. Porque las cosas, a veces no son lo que aparentan. Lo descrito por esta madre poco preocupada podría ser un síntoma de un caso de abuso sexual.

De acuerdo con las estadísticas del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, en la ciudad de Lima, más del 69% de violaciones han tenido por víctimas a menores de edad. En gran porcentaje de los casos, el abusador es alguien cercano o familiar a la víctima.

Esté atento o atenta siempre a estas señales:

  • El niño o la niña rechaza de manera excesiva a alguien del entorno familiar (sin motivo aparente).
  • Se aísla, muestra comportamientos inusuales, rebeldía.
  • Evita ir a cierto lugar o se pone inquieto, inquieta (“No quiero ir al colegio”, “No quiero ir a casa”)
  • El niño o la niña pasa mucho tiempo a solas.
  • Demuestra cambios repentinos en los hábitos alimenticios y en el rendimiento escolar.

Recuerde que en muy pocos casos, los niños y niñas van a expresar directamente que está pasando algo malo. El abusador siempre manipula a la víctima para evitar que hable y el menor no comprende totalmente la situación que está sufriendo.

Espero sinceramente que Masiel sólo haya tenido un mal día y no sea una niña más en las estadísticas. Lamentablemente, el reprimir al menor sin analizar a profundidad la situación, puede agravar el problema y generar sentimientos de culpa.

Por eso, ante una incidencia extraña, como ésta que escuché en un carro, demórese algunos minutos en reflexionar y converse a profundidad con su hijo o hija.

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